GENTE SIN CORAZÓN…

Últimamente mi vida se resume poco más que con la palabra PERROS. Perros que entran en mi casa, perros que salen de ella a una casa con familia definitiva, una que se enfada porque le invaden la casa… Me reconforta esa sensación de poder servir de algo en sus vidas y sentir esa alegría que te dan al entrar en casa apareciendo como furias enloquecidas de felicidad porque llegas. Nunca lo había sentido. Es tan bonito…

Hoy he ido allí para ver a dos que llegaron ayer en muy mal estado. Aun que en general he ido a sufrir y torturarme porque sabía con lo que me iba a encontrar y como iba a salir de allí al verlos. Saber que no iba a poder llevarme a más a casa y darles algo de felicidad a su vida… Total como imaginaba he salido de allí llorando como una niña pequeña cuando le quitas su juguete favorito o le dices que hay que ir a casa una calurosa tarde de verano cuando juega con sus amigas.

Me parece tan injusto… Un animal que por muy inteligentes que sean no es capaz de resolverse la vida por si mismo como, en cambio, puede hacer una persona, no razona, no entiende un abandono, no tiene la capacidad de tras un mal momento aprender de él y resolverlo por si mismo como podemos hacer nosotros. “Resiliencia”- es la capacidad para sobreponernos a los malos momentos y experiencias traumáticas de la vida, entenderlas y obtener las herramientas necesarias para su superación y resolución si se repite-.

Ellos estaban ahí metidos en las jaulas porque gente sin corazón decide pegarles y después dejarlos por ahí tirados a su suerte. Cada día me pregunto por qué habrá pasado mi pequeña, qué sentirá ahora… La mayoría pasan semanas perdido hasta que llega alguien que los lleva a la protectora. Y allí están, con miradas llenas de miedo y dolor y gruñidos que asustan al acercarte ellos. Los que llevan años allí, en cambio te miran con tristeza y lloros. Siento que se me cae el mundo encima.

No digo que la vida de un humano sea fácil, pero si puede elegir, hacer o no hacer, si puedes entender, superar, vivir independiente y auto-suficientemente.

Me duele tanto verlos allí, mal, solos, abandonados… Es una enorme sensación de impotencia, de dolor que va desde dentro hacia fuera… No es como cuando he llorado otras veces por motivos míos, pero si se asemeja a ese dolor que nace dentro y es tan fuerte que parece que te mata. A pesar de no sollozar y retorcerme de dolor como he hecho en otros momentos, la sensación es mucho peor. ¿La diferencia? Aquello sabía que con el tiempo iba a calmarse, no se iba a repetir, era lo que era y dolía lo que dolía pero con ellos… No sabes que te va a deparar la hora que viene, quién llegará y cuál será su circunstancia. Y así uno tras otro sin parar ni un solo día, sin poder hacer nada para evitarlo y sin poder ayudar más de lo que ayudas.

Los animales a mi… Me dan la vida.

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EGOÍSMO…

¿Es el egoísmo la clave de la felicidad? Para mi sí y si nadie me da un argumento de peso que me haga cambiar de opinión, así pensaré.

La palabra egoísta tiende a tener una connotación bastante negativa pero… ¿por qué? ¿Por anteponer nuestros principios, pensamientos y lo que queremos a los otros? ¿Por querer sernos fieles, respetarnos e intentar ser felices? ¿A caso es malo pensar en nosotros mismos primero? Yo no soy responsable de que por hacer lo que yo quiero hacer con mi vida y conmigo misma a ti no te guste y el sentimiento que ello te genere.

Desde pequeños nos obligan a hacer cosas que no queremos: que si dale un beso a tú tío porque le acabas de ver, que si dale un beso a tu primo porque se marcha, que si saluda y sonríe al vecino de enfrente, que si juega con los demás niños en el parque en vez de solo, que si da las gracias por todo, que si, que si, que si… ¿Qué problema hay si no quiero hacer algo de eso? Cuando eres pequeño no te llaman egoísta por no hacer lo que ellos quieren que hagas pero la cosa cambia cuando creces y las decisiones que tomas son más importantes, requieren de razonamiento y premeditación y sobre todo son decisiones propias, ahí es cuando si tomas una decisión pensando principalmente en ti eres una egoísta.

Desde pequeños nos obligan a renunciar a lo que queremos y a hacer lo que ellos quieren que hagamos, nos tratan como marionetas quitándonos toda nuestra parte soñadora y creativa. También es egoísta no darle un beso a tu tío si no quieres, a tu primo si no te apetece o no reaccionar como tu madre quiere ante la vecina, por el simple hecho de pensar en ti y no, simplemente, complacer a la persona de al lado, solo que al ser pequeños no se le da ese nombre pero cuando somos mayores y decidimos, ante algo que nos ha pasado a nosotros, actuar pensando en nosotros mismos sí que lo somos.

Hay una realidad que lleva rondándome en la cabeza un par de semanas, ¿Hasta qué punto somos capaces de dejar hacer por propia conveniencia? El egoísmo es el  ¨amor excesivo e inmoderado que una persona siente sobre sí misma y que le hace atender su propio interés actuando de la manera que solo ella quiere sin contemplar las opiniones del resto de personas que la rodean¨ Pensar en esas otras personas antes que en nosotros mismos es el altruismo, anteponerlos a nosotros, y yo estoy orgullosa de decir que soy egoísta. Cuando aprendes y entiendes que los sentimientos son el resultado de como decidimos tomarnos lo que dicen y hacen los demás y que ellos no son culpables de tu malestar sino que eres el único responsable de tu sentimiento, entonces aprendes a ver y vivir de manera muy diferente, entonces puedes ser feliz y responsabilizarte.

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Lo que no llego a entender es el hecho de dejar hacer sabiendo, anteponer un interés propio cuando sabes que con tus acciones estas dejando que hieran enormemente a alguien que, supone, amas más que a tu vida. Puedo entender el egoísmo, y estoy totalmente a favor de él, pero no dejaría que porque no me apetece levantarme de un banco y correr, atropellen a un niño pequeño de 2 años si puedo evitarlo.

Parecerse o no parecerse.

Hoy voy a hablar sobre los padres ya que me ha surgido una pregunta…

¿Nos queremos parecer a nuestros padres o buscamos ser diferentes a ellos? Y ¿Porqué?

Después de preguntar a las personas de mi alrededor, me he dado cuenta que buscamos ser diferentes a ellos aún que haya cosas en las que sin poder evitar seamos idénticos, bien porque la genética es inevitable o por los años de convivencia que hay detrás con ellos.

Por lo general, y recordando que las generalidades siempre fallan, haya o no una buena relación detrás no queremos ser como ellos debido a que en la época en la que han vivido, los pensamientos, creencias que han formado, la forma que tienen de ver la vida y, para mí, lo poco comprensibles que sentimos que son con lo que a nosotros se refiere. Cosas que vienen marcadas por la época, el lugar y la familia que les ha criado.

La sociedad está en continua evolución y los pensamientos y forma de ver la vida es completamente diferente a lo que ellos tienen en mente, la manera en la que les han educado a ellos, la posición que tenía la mujer, la situación económica y mil factores más. Entonces ¿Debemos perdonar y escusar sus “errores” debido a eso?

Las diferencias que deseamos realizar son nada más y nada menos que los “errores” que cometieron ellos, bajo nuestra percepción, en nuestras vidas. Y es que en lo que más nos fijamos, inevitablemente, es en los errores, fallos o defectos que cometen el resto o nosotros mismos. En el caso de parecernos o no a ellos creo que se debe a querer ser una mejor versión pero… ¿De ellos o de nosotros mismos porque creemos haber nacido siendo una calcamonías suyas?

Aceptación… Sanación.

Perfectamente la recuerdo andando, por las calles deambulando, con ese cuerpo flaco y largo que apenas la sostenía, siempre con esos tacones puestos que más parecía ir a caer que sostenerse en pié, dando vagamente pequeños y tristes pasos.

Ella era segura, amable y soñadora, paciente y bondadosa, sincera y cariñosa. Era… Pues poco de eso quedaba ya, parecía tener esa nube negra e invisible postrada sobre su cabeza. Anhelaba a aquella chica. Aquella que era.

Se la veía sin sonrisa cuando nadie la reclamaba, sumida en sus pensamientos y queriendo desaparecer. Todo cambiaba cuando la llamabas, la sonrisa afloraba en sus labios y su mirada se alzaba con ganas de pedir que la salvaran de aquella realidad.

Yo mejor que ella sabía cuales eran sus  realidades, cuales eran sus luchas continuas, sus cansancios diarios. Recuerdo su mirada perdida, su tristeza incontrolable, sus lágrimas imparables. 

Yo lo sabía…

Y lo que ella aún no sabía, era que la sanación a su dolor era la aceptación. Aceptación a como es cada persona, a no querer cambiar al otro por evitar su sufrimiento. 

Lo que ella sentía era confusión por falta de comprensión, porque ciertamente la estaban volviendo loca. Ella no sabía que debía dejar de intentar modificar sino aceptar. Debía elegir un camino. 

Lo que ella no sabía era que en el principio de la elección de ese camino estaría la aceptación. Cuando comprendió eso… Ahí encontró su ansiado segundo de paz que le devolvió la fuerza ya hace tiempo perdida. Lo recuperó. 

Reminiscencia…

Cada día siento que me cuesta más todo,  que aún teniendo días para reponer fuerzas mentales, psicológicas, no lo logro. Que es como si las hubiera agotado completamente. Como si fuera imposible tener más. 

Que solo logro conocer una parte de la felicidad si estoy a tu lado. Que solo logro descansar si es en tu cama. Que solo dejo de llorar si estoy contigo. Que no encuentro fuerza, ni fuera ni dentro, y que ya hasta el ansiado final me cuesta visualizar.

Me siento confusa, la mayoría del tiempo sé que te odio, pero cuando más vulnerable me encuentro, siento caer rendida ante la primera palabra tuya que oigo. Me dicen que es el anhelo, inevitable de sentir que existes, algún día de mi vida, en algún lugar de mi existencia, en lo más profundo de nosotras. Porque sé qué ahí, en algún lugar escondido, te quiero y no te odio, te perdono y me perdono, te puedo llegar a sentir. Porque la realidad, es que todo eso añoro. Algún día de mi pasado, o mi presente buscado, pude conocerlo y espero recuperarlo.

YO SOY YO CON MIS CIRCUNSTANCIAS

Soy una persona que prefiere transmitir continua felicidad antes que cualquier tipo de tristeza. Que no quiere llorar delante de los demás para que no pregunten los motivos ya que no quiere que conozcan su verdad, su vida real. Teme que tras contar su historia le vuelvan a dar de lado tal y como las personas más cercanas hicieron. Para poder contar cara a cara tu historia primero tienes que conocerla y sobre todo, lo más importante, ACEPTARLA.

He estado ocultando mi realidad más de 12 años y quizá sea momento de empezar a aceptarla aún que sólo sea con tinta negra sobre blanco y no con voz propia frente a otro humano.

Mi realidad ni siquiera yo sé a qué edad empieza, como mínimo a los 7 años empezando con unos abusos sexuales que durante años permanecieron sin reacción alguna hasta los 12 empezando con una anorexia a la que poco le faltó para matarme, seguida de una bulimia que no acaba, una familia inexistente en su totalidad y una autoestima que jamás tuvo oportunidad de existir.

Hoy es el día en el que me pregunto qué hice yo durante mis días de vida. Quien era y qué hice para merecer lo que mi realidad cuenta. Y a día de hoy sigo pensando qué fue todo lo que hice y que es todo lo que hago mal para que me quieran más fuera de mi casa que dentro. Me encuentro perdida. Me encuentro en busca de un hogar en el que poder entrar cuando me plazca y lo sienta mío siendo capaz de hacer lo necesario para conseguirlo. En el que haya paz y tranquilidad acompañada de amor y cariño, y me pregunto si a caso lo llegaré a conocer y reconocer algún día. Ojalá.

Sé que he llegado al límite, quiero dejar de despertarme entre llantos y dormirme entre lágrimas, quiero pasar la noche simplemente durmiendo y conocer lo que significa el descanso en una cama yo sola, quiero dejar de temer dormir y no despertar. Quiero conocer la felicidad y ser la dueña de mi vida. Y sobre todo quiero agradecer a la persona que consigue mantenerme viva y amarme conociéndome tal y como soy, sé más que de sobra que si sigo viva es gracias a él.

HOGAR

Acostumbro a andar, correr, por paseos naturales cercanos  a mi casa cuando me encuentro mal y agobiada, cansada de mi vida y de los obstáculos de ésta. Siempre veo los mismos sitios; las mismas redondas mesas de piedra con sus respectivos bancos, las mismas fuentes dedicadas a la  diversión de los más pequeños, las toallas tendidas en el suelo y ocupadas por alegres y traviesas parejas y grupos de amigos… Es impensable imaginarlo diferente hasta que recuerdas la ciudad en la que te encuentras y que aquí el calor es algo muy poco usual, en cuanto empieza a refrescar todo queda desierto y cada uno vuelve a su respectiva vida pero… No todos tenemos la posibilidad de acudir al hogar para refugiarnos del frío, hay quienes a pesar de odiar el frío preferimos aguantar por esos lugares que nos resguardan más de lo que aparentemente lo hace el calor del hogar.